El abad Macario Dijo : «El diablo, cuando no ha podido turbar al alma tentándola de pobreza, utiliza las riquezas para seducirla. Y cuando no lo consigue con afrentas y oprobios, usa la alabanza y la gloria. Si con la hartura y los deleites corporales no consigue seducirla, intenta derrotaría por las molestias que vienen contra nuestra voluntad. Envía enfermedades graves contra el que ha de ser tentado, para que con ello se acobarden los monjes y se aparten del amor de Dios. Pero aunque apalee tu cuerpo y lo incendie con fiebres intensas, aunque además te atormente con sed intolerable, si por ser pecador padeces todo esto, acuérdate de las penas del siglo venidero, del fuego eterno y de las angustias del juicio. Y así no te desalentarás por las cosas que al presente te suceden, antes al contrario, alégrate porque te ha visitado Dios. Y pon en tu boca aquellas celebérrimas palabras: "Me castigó, me castigó Yahvé, pero a la muerte no me entregó" (Sal 117, 18).
Comentarios
Publicar un comentario