Se cuenta que un anciano bajó a Scitia, con su hijo que todavía no había sido destetado, el cual, como se crió en el monasterio, no sabía que existieran mujeres. Cuando se hizo hombre, los demonios le presentaban de noche figuras de mujeres, y él admirado se lo comunicó a su padre. En cierta ocasión subió con su padre a Egipto y al ver mujeres le dijo: «Estas son las que se me presentaban de noche en Scitia». Y el anciano le dijo: «Hijo, estos son monjes que viven en el mundo. Usan un hábito distinto del de los ermitaños». Y se extrañó el anciano de que los demonios le hubieran presentado imágenes de mujeres en Scitia, y enseguida se volvieron a su celda.

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