hermano preguntó a un anciano: «¿Por qué mi alma desea las lágrimas como aquellas que he oído decir derramaban los Padres antiguos, y no vienen y eso turba mi alma?». Y el anciano respondió: «Los hijos de Israel tardaron cuarenta años en entrar en la tierra de promisión. Las lágrimas son como una tierra de promisión: si llegas a ellas ya no temerás la lucha. Por eso Dios quiso afligir al alma, para que siempre desee entrar en aquella tierra».

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