Los insultos se volvían sangre en su boca

 


Un día, un anciano vino al abad Aquilas, y viendo que arrojaba sangre por la boca, le pregunto: «¿Qué es esto, padre?». Y dijo el anciano: «Una palabra de un hermano, que me ha contristado y que estoy intentando guardarla dentro de mí sin devolvérsela. Y he rogado a Dios que me la quitase, y se ha convertido en sangre dentro de mi boca. Y ya la he escupido y he recobrado la paz y olvidado mi disgusto». 

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