PARA este temeroso trance me VALGOGO DE VUESTRA CLEMENCIA OH Padre Eterno!, y de vuestro Unigénito Hijo Jesús, y del Espíritu Santo. Por los merecimientos de Jesucristo, dadme, Dios mío, que alcance siquiera el último lugar de vuestro reino. Ahora, Señor, invoco más vuestra clemencia, porque mi alma padece mayor necesidad. Vuelvo á llamaros, Dios,mío, para que veáis mi pequeñez y flaqueza, y socorráis al pobre menesteroso. Pésame, Dios mío, de todo,corazón vuestra clemencia, de haber cometido culpa alguna mortal, sólo por ser Vos quien sois.
Amparad, ¡oh Cristo Jesús!, á esta criatura que confía en Vos, por la cual moristeis en una cruz; no la desechéis del número de vuestros esclavos. Señor mío, que a todos habéis criado y redimido: ayudadme en esta hora y quitadme el miedo de la muerte. Vos, Jesús mío, que os ofrecisteis por mí á los tormentos y muerte de cruz, recibidme en el seno de vuestra clemencia, pues me valgo de ella en esta hora. Lloro y gimo la miseria de las culpas pasadas, dulcísimo Jesús mío, por ser ofensas contra Vos, y por el amor que me habéis tenido. Pido a vuestra infinita misericordia me perdone y libre mi alma de la boca del dragón, que en esta última hora la tiene abierta para tragarme. Confieso, Dios mío, que soy peor que todos los pecadores; pero ¿qué son mis culpas sino una gota para ese océano de misericordia? Protesto, Señor, que muero como católico, creyendo firmemente cuanto la Santa Fe y la Madre Iglesia me manda creer.
Ayudadme, ¡oh Virgen Santísima!, que no tengo otro amparo: atended-, Señora, á que Jesucristo, vuestro Hijo,: derramó por mí la sangre de sus venas. ¡Oh María, Virgen clementísima!, aprovécheme en esta hora la sangre de vuestro precioso Hijo, y no permitáis que aparte de mí su misericordia. A vos me acojo, ¡oh piadosísima Virgen y Madre de Dios!, en esta última agonía: vos amparadme, libradme y defendedme de mis enemigos. Espero, clementísima Virgen María, mediante vuestra intercesión, cantar para siempre las misericordias del' Señor. A mí me pesa, Dios mío, de haberos ofendido, sólo por ser Vos quien sois, y porque os amo y reverencio sobre todas las cosas. ¿A dónde iré sino á Vos? ¡oh buen Jesús! Recibidme por las entrañas de vuestra misericordia, por vuestras lágrimas y sangre. Mirad, Padre Eterno, en. el rostro de vuestro querido Cristo, y por su amor perdonadme todos mis pecados. A vos me vuelvo, Redentor mío; volveos á mí, esperanza mía. Vos sois mi Dios, mi Salvador y mi ayuda.
¡Oh mi Dios, y de todas las cosas! Ya que me sacáis de esta vida, llevadme a la vuestra, donde cante vuestras misericordias. Yo os amo, Dios mío, a vista del cielo y de la tierra y de todas las criaturas, y no quiero otra cosa sino a Vos por Vos. ¡Oh, quién no hubiera pecado contra tal Dios, a quien se debe todo amor y respeto! No os acordéis, Señor, de mis primeros años, sino borrad mis pecados con las gotas de sangre que de vuestras venas salieron. ¡Oh piadosísima Virgen María! Esta es la hora para la cual solicité vuestro favor toda la vida; no me lo neguéis; muera yo en vuestras manos. A vuestros pies pongo mi alma, dulce esperanza mía; y en vuestras manos fío todo el negocio de mi salvación. Vos sois, Dios mío, mi Criador y Redentor; no hay otro dueño de esta alma sino Vos; recibidla, Señor, como vuestra, en vuestro amparo. Suplicóos, Señor mío Jesucristo, por vuestra pasión y muerte, que me escribáis en el libro de los predestina dos, para que campee más vuestra misericordia en mí. Recibid, Dios mío, á esta oveja perdida; acoged á este hijo pródigo; compadeceos de mí según vuestra gran misericordia. El abismo de mi nada y de mis miserias invoca, Dios mío, el abismo de vuestra bondad y caridad. Es tan grande, Señor, el océano de vuestras misericordias, que, aunque me quitéis la vida, en Vos esperaré. Compadeceos de mí, Señor, compadeceos de mí, porque en vos confía mi ánima. Sólo una cosa os pido, mi Dios: que no me castiguéis según mis culpas merecen, sino que atendáis á quien sois. Recibid, Señor, mi alma, la cual encomiendo en las manos de vuestra misericordia; dadle de limosna el Paraíso en vuestra gloria. Misericordia, Señor, misericordia; pésame de todo corazón de haber agraviado vuestra infinita bondad. María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defendedme del enemigo y ayudadme en esta hora de mi muerte. Creo en Dios, espero en Dios y amo á Dios; pésame de haberle ofendido, sólo por ser quien es. ¡Oh Trinidad Santísima, un solo Dios verdadero, y tres personas distintas!, á quien confieso y adoro: habed, Señor, misericordia de esta vuestra criatura. Ahora es tiempo, Señor, de misericordia y mostrar cuan liberal sois en perdonar al que llega á vuestros pies arrepentido. Ea, Dios mío, haced alarde de vuestra misericordia con este miserable pecador que espera en Vos. Yo os amo, Dios-mío, sobre todas las cosas; duéleme, Señor, de haberos ofendido; espero en vuestras misericordias hasta el último aliento. Jesús, Hijo de Dios vivo, tened misericordia de mí. Pequé, Señor, pequé; aprovécheme la sangre que derramasteis por mí. ¡Oh Jesús, Jesús, Salvador del mundo, sedme propicio! ¡Oh Virgen María, Madre de Dios, acordaos de mí! ¡Oh dulce Jesús! ¡Oh dulce María, no me desamparéis!

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