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“Dios creó todas las cosas. ¿Cómo puedo entonces desfallecer con todas estas cosas? Si Dios no pensara que son necesarias, no las habría creado. Por lo tanto, yo sería un tonto si no las quisiera, sobre todo porque Dios no quiere que la carne del hombre desfallezca”.
RESPUESTA DE
LA ABSTINENCIA
Y de nuevo, de la antedicha nube tempestuosa, que se extendía del Sur al Oeste, oí una voz que respondía: “Nadie debería tocar la cítara de modo que sus cuerdas se dañen, porque, si sus cuerdas se dañan, ¿Qué sonido hará? Ninguno. Tú, Glotonería, llenas tu vientre al punto que todas tus venas se enferman y convierten en un frenesí espasmódico.
¿Dónde está, entonces, el dulce sonido de la sabiduría que Dios les dio a los hombres? Tú eres muda y ciega, y no sabes lo qué dices. Pero como el aguacero sumerge la tierra, así el exceso de carnes y vino induce en el hombre blasfemias y
burlas. Yo, en cambio, he visto en el barro la forma hermosa de cuando Dios creó al hombre. Soy por tanto como lluvia benéfica, de modo que no hago pulular vicios en la 81 carne. Y hago manar la moderación de los hombres, de modo que su cuerpo no se debilite y no engorde por haber tragado más de lo que es necesario para la vida.
Soy cítara que repica con los sonidos de todas las alabanzas, y perforo la dureza del corazón con la buena voluntad. Cuando el hombre nutre su cuerpo con templanza, en sus oraciones hago repicar la cítara en el cielo, y cuando su cuerpo es puro por la moderación en la comida, canto con el sonido del órgano. Cosa que tú, glotonería, no sabes y no entiendes, y tampoco procuras saber y entender. En efecto, tú a veces te lanzas al ayuno inadecuado, de manera que apenas puedes vivir, y otras veces atiborras tu vientre en tu voracidad, tanto que lo desbordas y rebosas babas. Yo, en cambio, establezco un límite para la comida, para que no se sequen los humores del hombre y no se desborden más allá de su medida, y entonces toco alabanzas con la cítara y canto con el sonido del órgano. ¡Oh! fieles todos, librémonos de la glotonería, ya que el vientre de la antigua serpiente la ha tragado, y gracias a ella ha vomitado muchas suciedades”.

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