Oración para deshacer una maldición



 En el caso de haber pronunciado una maldición, debemos proceder como procedió san Francisco de Asís cuando maldijo al que le había hecho la guerra dentro de su misma congregación, que como penitencia y reparación se la pasó bendiciendo a cuanta criatura se le cruzo durante aquel día y por tanto es necesario que procedamos a bendecir a la persona que en el momento de ira maldijimos, con palabras más o menos como las que siguente: 


 pronunciada Señor Jesús, yo te pido que me perdones por haberpronunciado maldiciones con la misma boca con la que comulgo tu Cuerpo y tu Sangre, que son fuente de toda bendición, y te pido que por los mismos méritos de tu Cuerpo y de tu Sangre bendigas el alma, el cuerpo, la mente, la salud, el trabajo, la economía, la familia y los proyectos de todos aquellos a los cuales maldije". En el caso de haber recibido una maldición se procederá de la siguiente manera: se procurará incrementar con tal motivo nuestras limosnas a los pobres, y en el momento en que el pobre nos conteste: “Que Dios lo bendiga”, nosotros contestaremos: “Señor, que esta bendición disuelva toda maldición que haya recaído sobre mi persona, sobre mis seres queridos o sobre mi patrimonio, así sea”. La razón por la cual la bendición del pobre es tan importante para deshacer la maldición de nuestros enemigos, es porque Jesucristo afirma en el Evangelio que lo que nosotros le hagamos a los pobres se lo hacemos a Él, por tanto eso implica que lo que el pobre nos haga a nosotros también procede de Él.

De aquí que es mi parecer que cuando a un católico se le acerque un pordiosero y le pida una limosna anteponiendo las palabras “Por amor a Dios, me podría...”, en consciencia no nos deberíamos negar a tal instancia, porque la bendición que viene después también viene de Dios. Pero en el caso de que por poca cultura religiosa, el pordiosero procediese a maldecir a la persona que le niega la ayuda, esa maldición podría también provenir de parte de Dios, según cada circunstancia. Termino invitando a mis lectores a pensar que si son tan benéficas y protectoras las bendiciones y son tan fáciles de conseguir, con sólo el hecho de dar una generosa limosna, para qué arriesgarnos a acumular maldiciones, ya de los pobres o ya de nuestros enemigos, que irán alcanzando niveles perniciosos para nuestra vida, sino las anulamos contraponiéndoles las bendiciones de los pobres agradecidos.

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