los grandes padres de la Iglesia que hablan del diablo.


En el primer milenio abundan los grandes padres de la Iglesia que hablan del diablo. Luchan contra él. Lo ven. Por eso hablan de él. Sus testimonios son únicos. Entre los más sugestivos y fuertes están los de los monjes del desierto. Sus batallas contra Satanás tienen un no sé qué de épico.

En Occidente es fuerte la tendencia, en parte debido al derecho romano, a querer regularizarlo todo. Ya a fines del siglo II san Ireneo habla con admiración de los exorcistas como de una categoría aparte, a pesar de que todos pueden pertenecer a ella. En Roma, el papa Cornelío, en una carta suya del 251 es el primero que habla de los exorcistas como de poseedores de un oficio sagrado. Creo que puede considerarse como concluida esta institución del sacramental del exorcismo en el año 416, cuando el papa Inocencio I establece que los exorcismos pueden ser administrados solo después de la autorización episcopal. Esta es la disciplina hasta ahora vigente (con la precisión de que el obispo puede dar la facultad de exorcista solo a los sacerdotes).

Antes del 416, es preciso recordar el 313. Es en ese año cuando el edicto de

Constantino hace del cristianismo la religión del estado. La Iglesia, como consecuencia del edicto, corre el gran peligro de secularizarse. Es decir; está en peligro de ver cómo sus propios creyentes se adaptan a los principios del mundo. Todo esto podría tener consecuencias nefastas como la decadencia del compromiso evangélico y el empobrecimiento de los valores de la tradición cristiana.

Nace de aquí la tendencia a buscar nuevos caminos para vivir el Evangelio de una manera más conforme con sus dictámenes. Aparece eí monaquisino: fuga del mundo, concentración en sí mismo, en la ascesis y la oración.

Los primeros monjes aparecen en Egipto en el siglo III después de Cristo. Se llaman anacoretas o solitarios. En el siglo IV las 2 primeras grandes figuras: Antonio y Pacomio; el primero es expresión de un monaquisino apartado, eremítico, y el segundo de uno comunitario, cenobítico.

¿Qué tienen en común estos monjes? Muchas cosas, pero sobre todo la lucha contra Satanás. Este es su enemigo. Y lo que los monjes dicen y escriben es el mejor modo de destruido. Ojalá hubiera hoy hombres de Iglesia que supieran hablar claro como estos hombres. No los hay, solo unos cuantos, Y la vida de los hombres está bajo una grave amenaza por este motivo.

La pelea, como escribe en varias ocasiones Orígenes, es espiritual. La batalla, como escribe Atanasio al contar la vida de Antonio, en dura y terrible.

El desierto es el lugar que el demonio prefiere para tentar al hombre. ¿Por qué? Porque el desierto es también el lugar querido por Dios para hablar al hombre. El desierto es, pues, un campo de batalla donde el monje trata de luchar y sobre todo de resistir a las tentaciones del diablo. Antonio lo deja todo y se va al desierto, el lugar de Satanás. Este no lo quiere allí. Sabe que Antonio representa para él una poderosa amenaza.

Los hechos que relata pueden ser considerados como pura fantasía. Yo afirmo que son ciertos. El mundo sobrenatural existe y nos acompaña siempre. No solo el mundo de la luz. Sino también el de las tinieblas. Solo el hombre, cuyo espíritu está especialmente entrenado, puede ir más allá del mundo real y ver lo que sucede en el mundo sobrenatural. Solo pocos hombres alcanzan a ver y a vivir dentro de sí la gran batalla que desde siempre se desarrolla en el cielo, la de Dios y Sata' nás.


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