Esta piadosa mujer vivía de la venta de pilas para reloj en un puesto ambulante. Ella me contaba que todos los días ponía sus ganancias en una cajita que tenía pegada una estampida del Sagrado Corazón de Jesús, y que el Señor la bendecía abundantemente, ya que en varias ocasiones había constatado que habiendo depositado sólo cien pesos argentinos, había realizado pagos de servicios, de mercado y de otras necesidades superiores a los $250, pero que llegó un momento en donde su dinero dejó de rendir y al contrario de lo que solía suceder, ya no alcanzaba con doscientos pesos a hacer la mitad de las cosas que antes hacía con cien. Ella, sorprendida porque el Señor había dejado de bendecirla, se puso en oración pidiéndole que le revelara la razón por la cual se estaba viendo trágicamente afectada su economía. El Señor le mostró que la razón de su desdicha, fue que al haber cobrado cincuenta pesos que le debían, lo hizo con tanta falta de caridad que la persona que se los dio se los había devuelto con odio, resentimiento y maldición. Por lo que ante tal falta, Jesús había tenido que suspender el flujo de sus bendiciones económicas. Sobra decir que esta piadosa mujer inmediatamente agarró ese billete de cincuenta pesos que todavía tenía en su caja y se lo llevó corriendo a su párroco como ofrenda de expiación, y desde ese momento se restableció la economía bendita de la que solía disfrutar.

Comentarios
Publicar un comentario