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| madre,virgen |
¡Apártate
de los malvados, pueblo de Dios, asamblea de predestinados! (Ver BenS 7,2 y Ap
18,4). Para escapar de ellos y salvarte –en medio de cuantos se condenan por su
impiedad, ociosidad y falta de devoción– decídete sin pérdida de tiempo a rezar
con frecuencia el Santo Rosario con fe, humildad, confianza y perseverancia.
En primer lugar si piensas con
seriedad en el mandato que nos dio Jesucristo de orar siempre y reflexionas en
su ejemplo, en la urgente necesidad que tenemos de la oración, a causa de
nuestras tinieblas, ignorancia y debilidad y de la multitud de enemigos que nos
persiguen, no te contentarás con rezar el Rosario una vez al año –como lo exige
la cofradía del Rosario Perpetuo- ni una vez a la semana -como lo prescribe la
del Rosario Ordinario– sino que lo recitarás puntualmente todos los días –como
lo pide la del Rosario Cotidiano– aunque no tengas otra obligación que la de
salvarte[1]. Jesús
les propuso un ejemplo sobre la necesidad
de orar siempre, sin desanimarse (Lc 18,1).
Estas son palabras eternas de
Jesucristo, que es preciso creer y practicar, si no quieres condenarte.
Explícalas como quieras. Pero no a la moda, para que no las vivas a la moda.
Jesucristo nos dio la verdadera explicación con su ejemplo: Les he dado ejemplo, para que Uds., hagan lo
mismo que yo... (Jn 13,15). Pasó la
noche en oración con Dios ( Lc 6,12b). Como si no le bastara el día,
dedicaba también la noche a la oración. Repetía con frecuencia a sus apóstoles
estas palabras: Estén despiertos y orando
( Mt 26,41). El ser humano es débil. La tentación, próxima y continua. Y si no
oras siempre, caerás en ella. Los apóstoles creyeron que el Señor sólo les daba
un consejo, interpretaron erróneamente sus palabras y cayeron en la tentación y
en el pecado a pesar de tener a Jesús en su compañía.

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