PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE PECARON DE PEREZA, RAZÓN DEL CASTIGO.

 


Santa Hildegarda vio esto en una visión: vi espíritus en la muchedumbre que mencioné antes, que afirmaban a  grandes voces que Lucifer era su señor. Estos espíritus inducen los hombres a la pereza  y los exhortan a no temer a Dios ni preocuparse por los hombres.

Entonces vi una nube negra llena de vientos impetuosos, alboroto de fragorosas  tempestades y huracanes de lluvias, sobre los que los espíritus malignos hicieron  estallar fuego como gotas de lluvia. Las almas que quisieron la pereza mientras estaban  vivos y las que no sirvieron a Dios con celo, fueron arrolladas por estas tormentas y  quemadas por el fuego que los espíritus malignos hicieron estallar sobre las  tempestades. Tuvieron que soportar las tempestades ya que en vida no se amedrentaron  por el temor de Dios, y tuvieron que padecer los fuegos ya que en su pereza  descuidaron la advertencia de la justicia.

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