Efectos admirables del Rosario

 



          El Beato Alano de la Rupe, los Padres Juan Dumont y Thomas, las Crónicas del Santo Rosario y otros autores –muchas veces testigos oculares– refieren numerosas conversiones excepcionales de pecadores, a quienes durante veinte, treinta o cuarenta años pasados en el mayor desorden, nada había podido convertir. No obstante, gracias a la maravillosa plegaria que es el Rosario, alcanzaron la conversión. Por temor a extenderme más de lo justo no las narraré. Tampoco referiré  las que yo mismo he visto. Las omito por diversas razones.

Lector amado: si pones en práctica y predicas esta devoción, aprenderás por experiencia propia –mejor que en libro alguno– y comprobarás felizmente el efecto maravilloso de las promesas hechas por la Santísima Virgen a Santo Domingo, al Beato Alano de la Rupe y a cuantos hagan florecer esta devoción que le es tan grata. Devoción que educa a los pueblos en las virtudes de su Hijo y en las suyas propias, los conduce a la oración mental, a la imitación de Jesucristo, a la frecuencia de los Sacramentos, a la sólida práctica de las virtudes y toda clase de buenas obras y a ganar tan valiosas indulgencias que las gentes ignoran porque los predicadores de esta devoción no hablan de ellas casi nunca, contentándose con hacer sobre el Rosario un sermón a la moda, que muchas veces solo causa admiración, pero no instruye.

         Para abreviar, me contento con decirte, con el Beato Alano, que el Rosario es un manantial y depósito de toda clase de bienes:

1.    Procura el perdón a los pecadores;

2.    Sacia a las almas sedientas;

3.    A los encadenados rompe las cadenas;

4.    La alegría devuelve a los que lloran;

5.    Tranquilidad ofrece a los tentados;

6.    El pobre es socorrido;

7.    Reforma los institutos religiosos;

8.    Inteligencia da a los ignorantes;

9.    Vencen la vanidad los que están vivos;

10.Mediante sus sufragios son aliviados los muertos35.

«Quiero –dijo un día la Santísima Virgen al Beato Alano– que los devotos de mi Rosario obtengan la gracia y bendición de mi Hijo durante su vida, en la hora de la muerte y después de ella. Quiero que se vean libres de todas las esclavitudes y sean reyes verdaderos -con la corona en la cabeza y el cetro en la mano- y alcancen la vida eterna.

Amén».

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