Duro más de 40 años con un maleficio



tomado del libro el ultimo exorcista nos relata el padre Gabriel amorth;

Me convenzo de que puedo confiar en él cuando Gianluca, un señor de 50 años con una gravísima y profundísima posesión, viene a mí. Lo recibo en casa y de inmediato le pregunto:

—¿Cuánto tiempo lleva con estos problemas?

—Desde que era un niño.

—¿Y en todos estos años qué ha hecho para combatir estos fenómenos?

—Padre Amorth, no he hecho nada.

Gianluca tiene 50 años. Nunca ha ido a la iglesia. Se declara ateo.

A los 6 años de edad comienza a sufrir algunos pequeños problemas. Por la noche no logra dormir. Oye voces que le hablan en la oscuridad: «Gianluca, Gianluca, no puedes dormir. Somos nosotros, debes estar atento. No puedes dormi; Gianluca. Ahora vendremos a recogerte y te llevaremos. Gianluca..,».

Sus padres no hacen mucho caso a estos fenómenos. Piensan: «Crecerá. Son problemas de la edad». Y tampoco Gianluca trata de pensar mucho en ellos. 

Pasan los meses y los trastornos no disminuyen, más bien aumentan. Pasa las noches insomne y de día se siente agítado. Siempre furioso contra todo y contra todos. Sus padres saben que tiene problemas de carácter Lo llevan a un psicólogo. La situación no mejora. Por el contrario, empeora. Cuanto más crece, los problemas de «carácter» también se agudizan. Va mal en el colegio. Cuando llega a la secundaria es suspendido. Los compañeros de clase lo marginan. No tienen consideración alguna hacia él. Le toman el pelo cuando tienen oportunidad. Gianluca sufre, pero sus padres no le son de gran ayuda. Al igual que sus profesores, quienes solo saben decir que «incluso las mejores familias tienen una manzana podrida en casa».

Gianluca no logra establecer relaciones normales con nadie. No tiene amigos. No tiene novia. Carece de amores. Pronto deja los estudios. Busca trabajo pero no lo encuentra. Permanece parado durante años. Algunas veces logra hacer pequeños trabajos pagados, pero muy poco. No obtiene nunca un empleo estable. Las voces lo acompañan siempre. Lo siguen y lo atormentan. Ahora no se manifiestan solo por la noche. También de día, siempre. Lo molestan continuamente. Son innumerables. Constantes. Una pesadilla infinita. Los médicos no saben qué hacer con él. Las medicinas no lo calman. Las psicoterapias no llegan a nada.

—Tal vez sea simplemente un loco —piensan todos. La religión, el cristianismo, son temas que no le interesan ni le apasionan. Un día en Internet lee la historia de una persona que, como él, ha oído voces durante años y que, después de terribles sufrimientos, dejó de oírlas gracias a la ayuda de un exorcista. Ese exorcista soy yo.

Gianluca logra encontrar mi número de teléfono. Me llama y le cito. —Así que en 50 años no has ido nunca a la iglesia. 

—Nunca.

—¿Fuiste bautizado?

—No.

—¿Sabes qué es la eucaristía?

—No

—¿Sabes lo que significa estar de manera permanente fuera de la gracia de Dios?

—No

—Gianluca, ¿por qué has venido a mí? Yo soy exorcista...

—Lo sé.

—¿Quién es un exorcista?

—Alguien que saca al diablo, creo.

—Crees bien. Pero es alguien que lo saca no en su propio nombre sino en el nombre de Jesucristo. ¿Sientes que tienes un diablo dentro de ti?

—Tal vez muchos diablos. Las voces que oigo son muchas y diferentes.

—¿Sabes que si de veras tienes diablos dentro de ti y si en realidad dichos diablos te poseen desde que eres pequeño, la lucha por la liberación será sumamente difícil, quizá imposible de conseguir? ¿Sabes que tienes que aceptar que es Cristo quien te liberará? Si no lo quieres, él no puede.

Silencio.

—Escucha, Gianluca. Para ayudarte tengo que descubrir si de veras estás poseído y, si lo estás, cuándo y por qué dicha posesión comenzó. Descubrir la causa puede ser un buen inicio. Por eso te pido que cuando vuelvas a casa llames a este número de teléfono. Te va a responder un clarividente. Creo que es muy bueno y preparado. De todos modos, si no lo es, una llamada telefónica no te hará daño. Llámalo. Pídele que te ayude.

Pregúntale si según él estás de veras poseído y cómo es posible que el diablo haya entrado en ti. Luego, vienes mañana una vez más y me lo cuentas.

Gianluca regresa a casa. Entra. Se sienta en la poltrona. Y marca el número del «profesor».

—Buenas noches, le ruego me disculpe, me dio su número el padre Amorth.

—Cuénteme.

—Mire, yo quisiera saber...

—Usted quiere saber si está poseído.

—Correcto.

— ¿Cómo se llama?

—Gianluca.

— ¿Cuántos años tiene?

—50.

—Gianluca, usted es hijo único, ¿verdad? 

—Sí.

—Usted a los 6 años comenzó a oír voces de noche. Y estas voces no lo dejaban dormir.

--Sí.

—Usted no lo sabe. Pero en ese tiempo un conocido de su familia (el clarividente le dice a Gianluca el nombre y el apellido, N.d.R.) le hizo un maleficio a su madre. Dicha persona recurrió a un mago, el cual, bien pagado, solicitó ayuda a Satanás. El maleficio se arraigó. Diversos diablos entraron en su madre pero también en usted. Usted sufre debido a este poderoso maleficio.

—No sé qué decir. Sé que esta persona tenía varios motivos para odiarnos... pero no creía...

—El mal es impredecible. Y golpea de las maneras más extrañas. Pero desgraciadamente golpea. Luego, cuanto más crecía tanto más lo molestaban. Los médicos nunca le fueron de ayuda. Ha visitado muchos. Perdió el año en la secundaria. Los compañeros lo marginaron. Buscó trabajo pero nunca lo encontró. Un trabajo estable, quiero decir. Así fueron pasando los años. Las voces nunca han desistido en perseguirlo. Se han hecho cada vez más potentes e invasoras. Y ahora quiere liberarse, con la ayuda del padre Amorth.

—Por favor, ¿pero cómo sabe usted todas estas cosas? ¿Ha hablado con el padre Amorth? ¿Con algún familiar mío?

—No he hablado ni con el padre Amorth ni con alguien de su familia. No lo necesito. Soy clarividente. Es un don que Dios me ha dado. Hágase ayudar del padre Amorth. Y dígale que tiene que hacerle exorcismos con el objetivo preciso de romper este antiguo pero potente maleficio. Puede suceder que dicho mago haya muerto. Y que no pueda hacerle más daño. Pero también puede pasar que esté vivo y que, de alguna manera, sepa en el futuro que un exorcista está actuando contra éL Confite en el padre Amorth. Adiós y saludos para él.

Al día siguiente Gianluca vuelve a mí. Me cuenta lo de la llamada telefónica. Me quedo sin palabras. Comprendo que el profesor me puede ser de gran ayuda no solo con Gianluca, sino también con otros poseídos. Descubrir el origen de la Posesión es fundamental para la liberación. De este modo exorcizo a Gianluca con la intención precisa de quitarle este maleficio.

Cuarenta años no se borran con un exorcismo. Cuarenta años son muchos años.

Muchísimos. Satanás en tanto tiempo ha logrado echar raíces muy profundas. Además, no se trata aquí de un solo diablo. Sino de muchos. La empresa es de las más difíciles. Comprendo de inmediato que el mago aún vive. Gracias a repetidas llamadas al «profesor» llego a saber que se ha enterado de mis exorcismos. Y por eso repite cada semana el maleficio contra Gianluca. Pero un maleficio repetido pierde cada vez más su propia fuerza. Yo tiro de una parte. El mago de la otra. Pero yo soy el más fuerte porque Cristo es más fuerte que Satanás. Cristo es Dios. Satanás es solamente un ángel que decidió rebelarse para siempre contra Dios.

Me veo con Gianluca durante años. La batalla es durísima. Pero al final Cristo triunfa. El mago es derrotado. Sin la ayuda del «profesor» todo habría sido diferente. De modo que comienzo a aconsejarles también a los demás exorcistas su nombre. Y muchos obtienen beneficio de esto. Recuerdo, por ejemplo, lo que le sucede a un exorcista, el padre Gerard, cuando un día tuvo que ir a una casa. No a una casa cualquiera. Sino a una infestada. 


 

Comentarios

  1. Es impresionante este testimonio,lo cual me hace pensar en mi propio caso y cuanta falta hace que los sacerdotes y exorcistas crean,indaguen y ayuden a las victimas

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