PADRE SANTO, EN EL NOMBRE DE JESÚS, vencedor de todas las fuerzas del mal, por intercesión de la Inmaculada Virgen María, victoriosa del Maligno, por mi santo bautismo que ha hecho de mí tu hijo querido, te suplico te dignes hoy sanarme y librarme de todo mal y de toda traba al amor con el que me quieres colmar. Renueva en mí la acción del Espíritu Santo que libera y que da paz.
Sana mi inteligencia de todo lo que pueda oscurecerla: de los prejuicios, del espíritu de crítica, de la duda y de la confusión mental.
Sana mi memoria de todo recuerdo doloroso, de los traumatismos psicológicos que pudieran remontarse hasta el seno de mi madre o a cada etapa de mi vida: a mis primeros años de vida, a mi infancia, a mi adolescencia o incluso a mi edad adulta.
Sana mi imaginación de todo idealismo soñador, de la fuga de la realidad, de toda fantasía enfermiza, de la ilusión, de la alucinación y de toda forma de delirio.
Sana mi corazón de todas sus heridas, de todo egocentrismo o conmiseración de sí mismo, de toda cerrazón o dureza, del rechazo a perdonar, del resentimiento o de las sospechas malintencionadas.
Sana mi voluntad de toda sujeción exterior, de toda tentación, obsesión, opresión, posesión, hechizo o hipnosis; del voluntarismo orgulloso, de toda actitud intolerante y sectaria, de toda debilidad, indecisión o desviación.
Sáname de todo desequilibrio: en mi sensibilidad, mi afectividad, mi emotividad o mi sexualidad; de todo sentimiento de rechazo, de vergüenza, de culpabilidad persistente, del complejo de inferioridad o de la timidez; de toda ansiedad, inquietud o miedo; del insomnio, de la tristeza, del hastío de la vida, de las ideas de suicidio; y de todo tipo de dependencia: de la droga, del alcohol, del tabaco y de todo apego material.
Sáname de toda desviación, tanto si viene por herencia como si viene de mi educación siendo yo aún muy pequeño o de presiones ejercidas sobre mí –en mi entorno familiar, escolar, comunitario, social, eclesial– y de todo acontecimiento pasado que hubiera vejado mi libertad interior.
Sáname de todo lo que mi se ha experimentado de negativo, de penoso y que podría haber sido inhibido en mi inconsciente o en m subconsciente.
Padre de misericordia, concédeme los frutos de una sincera conversión y emplear mi libertad en cumplir tu santa voluntad.
Señor Jesús, Cordero de Dios, purifica todo mi ser en tu Preciosa Sangre y ejerce tu señorío sobre todos los ámbitos de mi persona.
María, Madre de Dios y Madre mía, enséñame a dar siempre un sí incondicional y total al espíritu de amor, igual que tú. Amén


Que linda oración. Gracias
ResponderEliminarHermosa oración y la rezaré las veces que sean necesarias para limpiar mi alma. Gracias y bendiciones.
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