¡Ojalá que todos los pecadores recurrieran a esta dulce madre! ¡Todos se verían perdonados por Dios! “¡Oh María –exclama lleno de admiración san Buenaventura–, al pecador despreciado por todo el mundo, tú lo abrazas con maternal afecto y no lo abandonas, sino que consigues reconciliarlo con el Juez!” Quiere decir el santo con esto que el pecador, mientras permanece en su pecado, es despreciado y aborrecido de todos; hasta las criaturas inanimadas; el aire, el fuego y la tierra parecen que quisieran castigarlo y vengarse de él para reparar el honor de su Dios despreciado. Pero si este infeliz acude a María, ¿María lo rechazará? No; que si viene con intención de obtener ayuda para enmendarse, ella lo abraza con amor de madre y no descansa hasta que con su poderosa intercesión lo reconcilia con Dios y lo pone en su gracia.
Se lee en el segundo libro de los Reyes (14, 2) que la sagaz mujer de Tecua se presentó a David y le habló de esta manera: “Señor, yo tenía dos hijos y, para mi desgracia, uno mató al otro. Ya he perdido un hijo, y ahora la justicia quiere quitarme el único que me ha quedado. Ten piedad de esta pobre madre y haz que no me vea privada de los dos hijos”. David, compadecido de esta madre, perdonó al delincuente. Esto mismo parece decir María cuando ve a Dios indignado contra un pecador que a ella se encomienda: “Dios mío –le dice–, yo tenía dos hijos, Jesús y el hombre. El hombre ha matado a mi Jesús en la cruz. Ahora tu justicia quiere condenar al hombre. Señor, mi Jesús ya ha muerto; ten compasión de mí, y si he perdido uno, no consientas que pierda ahora el otro”.
Seguro que Dios no condena a los pecadores que recurren a María y por los que ella ruega, siendo así que el mismo Dios los ha confiado como hijos a María. El devoto Laspergio hace hablar así al Señor: “Encomendé los pecadores como hijos a María. Por eso se muestra tan solícita en cumplir su oficio que no consiente se condene ninguno de los que le han sido confiados, sobre todo si la invocan; y hace todo lo que está en su mano para atraerlos a todos a mí”.

Excelente! Sin desperdicio
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