Es un juego espiritista en el que en un tablero, donde están las letras del alfabeto, se coloca una moneda o copita, donde ponen los dedos los jugadores, haciendo preguntas a algún difunto sobre alguna cosa que desean saber. Es un juego peligroso, porque los que contestan son demonios, que tratan de engañar y hacer daño a quien se acerca a ellos. De hecho, es conocido que muchos de estos jugadores, que frecuentemente son jovencitos, estudiantes de colegio, que lo hacen por curiosidad, son afectados negativamente con problemas sicológicos. Hasta en televisión han entrevistado alguna vez a jóvenes que han practicado alegremente este juego con consecuencias desastrosas para su vida.
Recuerdo a una jovencita que llevaba tres años sin poder dormir a gusto, porque, cuando tenía quince años, jugó varias veces a la ouija con sus amigas del colegio y algo malo se le había pegado.
Christopher Neil, en su libro Los exorcistas, cuenta el caso de una colegiala que jugaba a la ouija con su compañera. El espíritu de un profesor fallecido recientemente se apareció y le dijo que moriría en un accidente de aviación. Lo trágico fue que tuvo que tomar un avión para visitar a sus padres. Como es natural, estaba aterrorizada ante la idea, pero, después que la hube exorcizado, perdió el miedo y tomó el avión sin que ocurriese percance alguno. Otro caso es el de una chica de origen judío, que había participado en una sesión a la edad de doce años. Le afectó profundamente a través de pesadillas sobre espíritus de difuntos durante más de dos años, pero el exorcismo la curó .
Veamos otros casos: Gianni era un joven italiano, hijo de un abogado de Catania, que no creía en lo que decían dos de sus amigos de que los espíritus existían y que se podía comunicar con ellos por medio de sesiones espiritistas. Ellos lo invitaron a una sesión para convencerlo y Gianni aceptó como un reto. Sentados los tres en una mesa, llamaron a un espíritu y comenzaron a preguntarle con la ouija. Así continuaron durante algunos meses hasta que un día Gianni pensó.
¿Y si, en vez de ser un espíritu bueno, es el diablo?
Una tarde, durante la sesión espiritista, Gianni puso un cuadro del Corazón de Jesús sobre la mesa y preguntó al espíritu: ¿Lo amas? El espíritu no respondió. Entonces, Gianni, con miedo, dijo: Vete de aquí. Pero el espíritu respondió de inmediato: No me iré, vosotros me pertenecéis.
Le dijeron: No te llamaremos nunca más. Y el espíritu respondió: Malditos, malditos seáis por siempre. A partir de ese día, Gianni empezó a tener graves problemas nerviosos durante varios meses y uno de los otros dos amigos tuvo que someterse a tratamiento siquiátrico. Mientras tanto, la madre de Gianni, que no sabía nada de todo esto, un día vio un monstruo en su casa. Ella se puso a gritar. Llamaron al padre Francesco Bamonte, quien dijo a Gianni que nunca más asistiera a sesiones espiritistas y que todos debían vivir en gracia de Dios e ir a confesarse y a comulgar frecuentemente. Todos se confesaron, comulgaron y el sacerdote bendijo la casa. Y todo desapareció .
- En 1992 estaba de militar en Caserta. Del 8 al 23 de agosto me enviaron a un curso a Roma. Un día, por pasar el tiempo, dos militares me invitaron a una sesión espiritista con la ouija. Al momento de ir a cenar, cerraron con llave la sala y, al regresar, vimos un espectáculo desconcertante. El cartel con las letras del alfabeto y el vaso estaban en su sitio, pero había muchas cosas tiradas por tierra, como si alguno hubiera entrado y hubiera tirado todo al suelo de mala manera. Quisieron despedir al espíritu, a quien habían llamado y habían dejado sin despedir antes de ir a cenar, pero dijo que no quería irse, que quería divertirse y que nadie debía moverse de aquella sala, pues lo lamentaría. Todos sentimos miedo. Le invitaban a irse de buenas maneras, pero el espíritu no quería irse y amenazaba con que nadie debía salir.
Tuvimos que salir por obligación, a la hora de control, pero, al volver de nuevo, aparecieron todas las cosas en el suelo como la primera vez. Entonces, le preguntaron si era un alma buena, y el espíritu dijo: “De donde yo vengo sólo uno es más fuerte. Sobre mí sólo está Lucifer”. Nos dimos cuenta de que estábamos tratando con un demonio de alto rango... Después de algunas preguntas, como el espíritu no quería marcharse y amenazaba..., alguien dijo: “Oremos”. En ese momento, el vaso comenzó a girar vertiginosamente hasta que, después de hora y media, se detuvo y sentimos que se había ido. Nos sentimos felices, nos abrazamos, quemamos el cartón de las letras, rompimos el vaso y juramos nunca más en nuestra vida volver a hacer una sesión espiritista con la ouija.
El 24 de agosto regresé a Caserta, pero comencé a sentirme inseguro, inquieto, ansioso, no podía dormir por la noche y tenía pánico a la oscuridad. Mis familiares se alarmaron. Les conté lo que había pasado. Sólo después de un año y medio he encontrado la serenidad. Para ello me ha ayudado haber comenzado a frecuentar la misa y los sacramentos. Agradezco a Dios y a la Iglesia que me han ayudado y aconsejo a cualquiera que sienta la tentación de probar el espiritismo que no lo haga para ahorrarse tantos sufrimientos que yo tuve que soportar, por haber asistido un solo día a una sesión de ouija .

Comentarios
Publicar un comentario