Había dice en las partes de Bretaña un hombre que siempre que
pasaba por alguna Iglesia, rezaba algo por los difuntos que allí yacían : tuvo
un accidente repentino , que á media noche obligó á llevar la hostia consagrada
.
al volver el Párroco á la Iglesia , halló las puertas de par en
par abiertas , habiéndolas dejado cerradas quiso entrar y aunque lo
procuró , no pudo dar un paso , á fuera del asombro que le pasó y oyendo
una voz que dijo " levántense todos los que ocupan estos sepulcros y
vamos á encomendar á Dios â nuestro devoto , que está para morir".
vio que al punto se levantaron todos los difuntos , que con cirios encendidos
, en las manos le dijeron con la devoción que puede imaginarse la
recomendación del alma en la forma que suele decirse á los moribundos , rezando
unos las preces , Letanías y oraciones , y otros reza poniendo Amen .
Concluida esta función tan maravillosa , se volvieron los muertos á sus
sepulcros , y el Párroco se halló con el pasmo que le quedó por un momento
paralizado y pudo entrar en la Iglesia , donde depositando el Santísimo
Sacramento , y acudiendo visitar al enfermo , supo que en aquel mismo momento
había muerto.
el Párroco dio todos sus bienes para el socorro de las almas ,
dejo el mundo , y tomo el hábito Cisterciense , donde vivió haciendo y
recomendando á todos á que hiciesen por los difuntos sufragios y murió
con opinión de una heroica santidad .

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