Ayer te hablé sobre dos hombres que pertenecían a los Códigos de Disciplina de Santo Domingo

 


 

De nuevo la Madre habla a la novia, diciendo: ―Ayer te hablé sobre dos hombres que pertenecían a los Códigos de Disciplina de Santo Domingo. Domingo mantuvo a mi Hijo como su amadísimo Señor y me amó a mí, su Madre, más que a su propio corazón. Mi Hijo le dio a este santo hombre el inspirado pensamiento de que hay tres cosas en el mundo que desagradan a mi Hijo: orgullo, avaricia, y deseo carnal. Por sus suspiros y súplicas, Santo Domingo procuró ayuda y medicina para combatir a estas tres maldades. Dios tuvo compasión de sus lágrimas y le inspiró que estableciese un Código de Disciplina codificado de vida en el cual el santo hombre opuso tres virtudes a las tres maldades del mundo.

 

Contra el vicio de la avaricia él estableció que uno no debe poseer nada sin el permiso de su superior. Contra el orgullo prescribió vestir un hábito humilde y simple. Contra la voracidad sin fondo de la carne, prescribió abstinencia y tiempo para practicar la autodisciplina. Colocó a un superior sobre sus frailes para preservar la paz y proteger la unidad.

 

En su deseo de dar a sus frailes un signo espiritual, simbólicamente imprimió una cruz roja en sus brazos izquierdos cerca del corazón, quiero decir a través de sus enseñanzas y fructífero ejemplo, cuando les enseñaba y advertía continuamente que recordasen el sufrimiento de Dios, que predicasen la palabra de Dios más fervientemente, no por el bien del mundo sino por amor a Dios y a las almas. También les enseñó a someterse en vez de gobernar, a odiar su propia voluntad, a soportar insultos pacientemente, a no querer nada más allá de comida y ropa, a amar la verdad en sus corazones y a proclamarla con sus labios, no para buscar su propio elogio sino para tener la palabra de Dios en sus labios y enseñarla siempre, sin omitirla por vergüenza o pronunciarla para ganar el favor humano.

 

Cuando llegó la hora de su redención, que mi Hijo le había revelado en espíritu, vino con lágrimas a mí, su Madre, diciendo: 'Oh María, Reina del Cielo, a quien Dios predestinó para Sí para unir sus naturalezas divina y humana, sólo Tú eres esa virgen y sólo Tú eres la madre más digna. Eres la más poderosa de las mujeres de quien salió el Poder mismo. ¡Óyeme cuando te ruego! Sé que eres la más poderosa y por eso oso venir ante Ti. ¡Toma a mis frailes, a quienes he criado y cultivado bajo la austeridad de mi escapulario, y protégelos bajo tu amplio manto! ¡Rígelos y cuídalos de nuevo, para que el viejo enemigo no pueda prevalecer contra ellos y no pueda arruinar la nueva viña plantada por la mano derecha de tu Hijo! Mi Señora, por mi escapulario con sus piezas una delante y otra atrás, no me estoy refiriendo a otra cosa sino a la doble preocupación que he mostrado por mis frailes.

 

 Estaba ansioso noche y día por ellos y sobre cómo deberían servir a Dios practicando la templanza de un modo razonable y digno de elogio. Recé por ellos para que no deseasen cosas mundanas que pudieran ofender a Dios o que pudieran ennegrecer su reputación de humildad y piedad entre sus compañeros. Ahora que el tiempo de mi recompensa ha llegado, a Ti te confío mis miembros. Enséñales como a niños mientras los llevas como su madre.' Con éstas y otras palabras, Domingo fue llamado a la gloria de Dios.

 

Le respondí como sigue, usando lenguaje figurado: 'Oh Domingo, mi querido amigo, puesto que me amas más que a ti mismo, protegeré a tus hijos bajo mi manto y los regiré, y todos aquellos que perseveren en tu modelo de conducta serán salvados. Mi manto es amplio en misericordia y no niego misericordia a ninguno que alegremente la pida. Todos aquellos que la buscan encuentran protección en el seno de mi misericordia.'

 

Pero, hija mía, ¿en qué piensas que consiste el Código de Disciplina de Domingo? Seguramente, consiste en humildad, continencia, y desprecio por el mundo. Todos aquellos que hacen un compromiso  con estas tres virtudes y perseveran amorosamente en ellas nunca serán condenados. Ellos son los que mantienen el Código de Disciplina de Santo Domingo. Ahora, escucha algo verdaderamente sorprendente: Domingo colocó a sus hijos bajo mi amplio manto, pero, mira y ve, ahora hay menos de ellos bajo mi amplio manto de los que había en la austeridad de su escapulario. Sin embargo ni siquiera durante la vida de Domingo tuvieron todos una verdadera piel de oveja o un carácter dominico. Puedo ilustrarte mejor sobre su carácter por medio de una parábola.

 

Si Domingo descendiera de las alturas del cielo donde vive y dijera al Ladrón, que estaba regresando del valle y había estado cuidando del rebaño con vistas a sacrificarlo y destruirlo, él diría '¿Por qué estás llamando y alejando el rebaño que se que es mío por signos evidentes?' El Ladrón podría responder: '¿Por qué, Domingo, te apropias de lo que no es tuyo? Es hurto escandaloso usurpar la propiedad de otro para uno mismo.' Si Domingo intentara responderle que él los había criado y amaestrado y guiado y enseñado, el Ladrón diría: 'Tú puedes haberlos criado y enseñado, pero yo los he conducido de vuelta a su propia libre voluntad por gentil persuasión.

 

Puedes haber mezclado indulgencia con austeridad para ellos, pero yo los tenté más persuasivamente y les mostré cosas mejores a sus gustos, y, ve, más de ellos están corriendo a mi pasto a mi llamada. Así es como sé que el rebaño deseoso de seguirme es mío, dado que son libres para elegir el que les atrae más.' Si Domingo respondiera a su vez que sus ovejas están marcadas con un signo rojo en el corazón, el Ladrón diría; 'Mis ovejas están marcadas con mi signo, una marca de incisión sobre su oreja derecha.

Puesto que mi signo es más obvio y visible que el tuyo, las reconozco como mis ovejas.'

 

El Ladrón representa al demonio que ha incorporado a sí mismo a muchas ovejas de Domingo. Ellas tienen una incisión en la oreja derecha en el sentido de que no escuchan las palabras de vida de aquél que dice: 'El camino al cielo es estrecho.' Ellos sólo ponen en práctica aquellas palabras que les gusta oír. Las ovejas de Domingo son pocas, y tienen un signo rojo en su corazón en el sentido de que mantienen en mente amorosamente los sufrimientos de Dios y llevan una vida feliz en total castidad y pobreza, predicando fervientemente la palabra de Dios.

 

Pues éste es el Código de Disciplina de Domingo tal como la gente comúnmente la expresa; 'Ser capaz de cargar todo lo que posees en tu espalda, no querer poseer nada más que lo que permite el Código de Disciplina, dejar no sólo las cosas superfluas sino incluso, a veces, abstenerse de las cosas lícitas y necesarias debido a los impulsos de la carne.'‖

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