"Siete veces cae el justo, pero otras tantas veces se levanta. "Dice el Libro de los Proverbios y cómo lo más grave no es caer en debilidades y miserias sino quedarse caído y no levantarse a tiempo, añade: "En cambio el imprudente se queda hundido en su miseria espiritual" .
Cuando cometemos alguna falta, ya sea por irreflexión o sorpresa, ya sea con malicia y premeditación, lo importante es no desanimarse, no dejar de luchar por recuperar de nuevo la amistad con Dios, la paz y pureza del alma. Cuando nos suceda hacer o decir o pensar algo que va contra la ley de Dios, tenemos que decirle humildemente a Nuestro Señor: "Oh Dios mío: acabo de demostrar lo que soy: miseria, debilidad, mala inclinación. Pero ¿qué más podía esperarse de una creatura tan miserable y débil como yo, sino caídas, infidelidades y pecados?".
Luego dediquemos algunos momentos a considerar cuán débil y mal inclinados somos y cuán vil y miserable es nuestra naturaleza pecadora, y sin desanimarnos enojémonos santamente contra las pasiones y malas costumbres, y exclamemos: "No me habría detenido si tu bondad infinita, Dios mío, no me hubiera socorrido, sino que habría cometido faltas aún mucho más graves".
Y démosles gracias a Dios por habernos perdonado tantas veces para que se cumpla lo que dijo Jesús: "A quien mucho se le perdona, mucho ama" (Lc 7, 47). Admiremos su infinita bondad que nos ha soportado con tan admirable paciencia hasta el día de hoy y pidámosle que no nos suelte jamás de su santa mano, porque si nos suelta nos hundimos en el abismo de todos los vicios.
Digámosle frecuentemente la oración del publicano del evangelio: "Misericordia Señor que soy un pecador" (Lc 18, 13). Y añadámosle: "Oh Señor: no permitas que jamás me aparte de Ti. Hemos pecado y cometido iniquidad, pero tu misericordia es más grande que nuestra miseria, y tu poder muchísimo más grande que nuestra debilidad. No te fijes en la infidelidad, sino en el deseo que tenemos de recobrar tu divina amistad".
Algo que no conviene. No nos detengamos a pensar si Dios nos habrá perdonado o no. Esto nos puede traer inquietud y pérdida de tiempo. Si estamos arrepentidos. Si tenemos propósito firme de no seguir cometiendo estas faltas, si pedimos perdón humildemente al Señor y nos confesamos a su debido tiempo, no sigamos dudando si Dios sí nos perdonó o no. Él nos sigue repitiendo las palabras que dijo por medio del rey David: "Un corazón humillado y arrepentido, Dios nunca lo desprecia" (Salmo 51, 19).
Pongámonos confiadamente en manos de la bondad Divina y aunque hayamos cometido muchas faltas recordemos lo que dijo el Señor por medio del profeta: "Aunque por tus faltas tu alma sea roja como la tela más roja, Yo la volveré blanca como la nieve" . Cultivemos un verdadero temor a nuestra total debilidad, mala inclinación, un santo horror y asco hacia todo lo que es pecado y ofensa a Dios, esforcémonos por comportarnos en adelante con mayor prudencia y más cuidado. Y si nosotros hacemos lo que podemos, Dios se encargará de concedernos lo que no podemos conseguir por nuestras solas fuerzas.
No olvidemos las caídas, pues su recuerdo puede ser útil para andar con más cuidado en lo porvenir. Y recordemos siempre cuán grande es la bondad de Dios que a pesar de tantas infidelidades que hemos tenido nos continúa amando con tan inmenso amor. Él nos sigue repitiendo: "Con amor eterno te amé", y "volveré a concederte la belleza espiritual que antes tenías" (Jr 31, 3).
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario