si hay manifestaciones extrañas en la persona

 


Andrés Gemma, Obispo de Isernia  Venafro, en su carta pastoral del 29 de junio de 1992, con la que instruía a los grupos de oración de liberación del demonio, siempre teniendo a un sacerdote como guía, escribe: "Sólo después de haber hecho uso de estos medios se puede recurrir al exorcismo propiamente dicho". En muchos casos las reacciones a la repetición de las oraciones de liberación son síntoma decisivo para ver si se requieren los exorcismos: en general, si no se dan reacciones a estas oraciones, tampoco habrá necesidad de recurrir a los exorcismos.

 Pregunto si hay manifestaciones extrañas en la persona; si oye voces, ella y nadie más; si se siente mirada aunque esté sola en la pieza; se ve personas que no hay; si tiene parálisis en alguna parte del cuerpo... Aquí por cierto los médicos tendrán mucho que decir respecto de las sugestiones y a los desdoblamientos de personalidad; pero tienen su importancia las modalidades en las que verifican los hechos. Exorcicé a una señora que, cuando iba a su cama, sentía que se le electrizaban las piernas; movimientos muy fuertes, hasta sacudir el lecho matrimonial, con duración de muchas horas, prácticamente toda la noche. Los médicos no descubrían nada y las medicinas recetadas no dieron resultado. El marido, obedeciendo los consejos de un exorcista, empezó a hacer cruces con agua bendita sobre las piernas de su mujer, cuando empezaban los fenómenos. Pronto se calmaban los movimientos y cesaban; poco después cesaron completamente. Me encontré con otro caso en el que un hombre mientras era exorcizado, duró un tiempo con las piernas paralizadas (hay que notar que durante los exorcismos, las movía como loco). Si la mujer le pinchaba con un clavo o con un alfiler, ni siquiera se daba cuenta; si ella metía el dedo en agua bendita y le tocaba las piernas, el marido sentía como una puñalada.

 Pregunto si suceden hechos extraños en la casa. Porque es posible que una casa esté atacada de maleficios: pero es más común que sea quien la habita el que los sufra y la casa lo resienta. Sanada la persona, cesan las molestias. Pueden ser rechinidos, golpes, pasos, ruidos inexplicables percibidos por todos los presentes; pueden ser causados por polvos o insectos, cuya proveniencia no se explica. Puertas o ventanas que se abren o se cierran por sí solas; objetos que se mueven o desaparecen. Olores molestos: en general de quemazón, estiércol, azufre, carne podrida, incienso. Se me dirá que la parapsicología estudia estos fenómenos, en cambio cuenta mucho la modalidad con la que suceden.

 He aludido varias veces a la importancia de la modalidad que provoca los fenómenos o que los acompaña. Por eso mismo no dejo nunca de preguntar si ha habido un hecho particular, una circunstancia inicial, después de la cual hayan comenzado los fenómenos. Puede caer en sospecha un hecho insignificante, pero puede estar ahí en origen un episodio grave que la ignorancia de la persona no ha considerado. Por ejemplo: si los fenómenos comenzaron después de que el sujeto ha tomado parte en sesiones espiritistas, o ha recurrido a magos, cartománticos, sectas satánicas, o se ha interesado en prácticas de ocultismo, de magia o similares. Puede suceder que haya habido un gran pleito con amenaza de venganza. Son hechos que hay que conocer y evaluar.

He enumerado sólo las preguntas más generales; con frecuencia bastan éstas y ni siquiera todas. Si considero que hay suficientes motivos de sospecha (bastaría uno solo, pero significativo), procedo al exorcismo. Sólo así se llega a la certeza de si hay o no influencia maléfica. El resultado del exorcismo se va descubriendo: por el comportamiento de la persona durante el exorcismo mismo; por los efectos que se obtienen los días siguientes; por el comportamiento y los efectos que aparecen en su desarrollo, en el curso de la serie de exorcismos, si se ve la conveniencia de continuarlos. El exorcismo puede durar desde pocos minutos hasta muchas horas; no hay reglas fijas. Cada exorcista va adquiriendo métodos y experiencias personales. Por cierto, es importante tener en cuenta las reacciones del individuo, pero pueden influir también causas ocasionales; el acoso de las personas que hay que atender, el cansancio del sujeto o del mismo exorcista... Generalmente, si el exorcista advierte que no está provocando ninguna reacción y luego no resulta ningún efecto, quiere decir que ahí no hay nada de carácter maléfico.

No estoy diciendo la variedad de lo que puede suceder durante un exorcismo; no existen dos casos iguales. Si una persona es atacada por un mal maléfico, a veces éste se manifiesta inmediatamente, con reacciones violentas; otras veces esto sucede poco a poco en el curso de varios exorcismos; se tiene la impresión de que el mal tiene que manifestarse en su totalidad e irse retirando poco a poco hasta desaparecer completamente. En casos raros puede bastar un solo exorcismo; por lo común exige una serie, hasta por años. Depende mucho de la colaboración de la persona interesada y de la ayuda de sus seres queridos. Naturalmente se trata de colaboración de carácter espiritual; que viva en gracia de Dios, que ore mucho, que se acerque con frecuencia a los sacramentos, que siga un camino de instrucción religiosa.

Termino respondiendo a dos preguntas fundamentales:

l . ¿Se llega siempre a la certidumbre de si es o no es una posesión diabólica? Generalmente sí; en algún caso raro queda la duda de si sólo se trata de un mal psíquico. Pero es un hecho que los exorcismos son oraciones y jamás han hecho daño a nadie. No puedo decir lo mismo de las curaciones médicas; varias veces han recurrido a mí personas que habían sido tratadas por médicos, con el resultado de quedar intoxicadas o abobadas.

2. ¿Se alcanza siempre la curación? Casi siempre en mayor o menor tiempo. Y aún en casos en los que no se alcanza, sí se llega siempre a dar consuelo al paciente. Varias veces se siente la confianza de que solamente gracias a los exorcismos, una persona ha tenido fuerzas para seguir adelante en su vida. Mi maestro P. Cándido no se cansaba de repetirme, cuando estaba yo desanimado ante la lentitud de ciertas curaciones, que nosotros los exorcistas salvamos muchas vidas.

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