el demonio es como un perro encadenado:

 


Leemos en la historia que un santo sacerdote halló un día a un cristiano dominado por un temor incesante de sucumbir a la tentación. «¿Por qué teméis?», le dijo el sacerdote- « ¡Ay!, padre mío contestó, temo ser tentado y sucumbir y perecer. ¡Ah !, exclamaba llorando; ¿no tengo motivos para temblar cuando tantos millones de ángeles sucumbieron en el cielo, cuando Adán y Eva fueron vencidos en el paraíso terrenal, cuando Salomón, que es tenido por el más sabio de los reyes y que había llegado al más alto grado de perfección, manchó sus canas con los crímenes más deshonrosos y vergonzosos, cuando este hombre, después de haber sido la admiración del mundo, se convirtió en oprobio y desdoro de la humanidad; cuando considero a un judas sucumbiendo en compañía del mismo Jesucristo; cuando tan grandes lumbreras se apagaron, ¿qué debo pensar de mí mismo, que no soy más que pecado?, ¿quién podrá enumerar las almas que están en el infierno, y que, a no ser la tentación, estarían en la gloria? ¡Oh, Dios mío!, exclamaba, ¿quién no temblará?, ¿quién podrá tener esperanza de perseverar?» - «Mas, amigo mío, le dijo el santo sacerdote, ¿no sabéis lo que nos dice San Agustín, que el demonio es como un perro encadenado: acosa y mete mucho ruido pero sólo muerde a los que se ponen a su alcance? Tened confianza en Dios, huid de las ocasiones de pecar, así no sucumbiréis. Si Eva no hubiese escuchado al demonio, si hubiese huido en el mismo momento en que aquél le propuso la transgresión de los preceptos de Dios, no habría sucumbido. Al veros tentado, rechazad al momento la tentación, y, si tenéis oportunidad, haced devotamente la señal de la cruz, pensad en los tormentos que deben experimentar los réprobos por no haber sabido resistir la tentación; elevad al cielo vuestra mirada, y veréis allí cuál sea la recompensa del que lucha; llamad en vuestro socorro al ángel de la guarda; echaos prontamente en brazos de la Virgen Santísima, implorando su protección: con eso tenéis la seguridad de salir victorioso de vuestros enemigos, a los cuales veréis al punto llenos de confusión». 

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