En el sacramento del Bautismo, nos arranca de las manos de Lucifer, y nos convierte en hijos de Dios Padre, nos abre el cielo, que para nosotros estaba cerrado; nos hace participantes de todos los tesoros de la Iglesia; y, si somos fieles a nuestras promesas, tenemos la seguridad de una bienaventuranza eterna. En el sacramento de la Penitencia, nos muestra su infinita misericordia, y nos hace participantes de ella; pues, por dicho sacramento, nos libra del infierno, al que nuestros pecados de malicia nos arrastraban, y nos aplica de nuevo los infinitos méritos de su pasión. En el sacramento de la Confirmación, a fin de que podamos conducirnos bien en el camino de la virtud, nos da un espíritu de luz que nos hace conocer el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar; además, nos comunica un espíritu de fortaleza que nos ayude a vencer todos los obstáculos que se presenten al llevar a cabo la obra de nuestra salvación. en el sacramento de la Extremaunción, con los ojos de la fe cómo Jesucristo nos cubre con los méritos de su pasión y muerte. En el Orden, da Jesucristo grande y singular potestad a los sacerdotes; ellos son quienes le hacen descender... En el sacramento del Matrimonio, vemos cómo Jesucristo santifica todas nuestras acciones, hasta aquellas que parecen obedecer únicamente a las corrompidas inclinaciones de la naturaleza.
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