Tu paciencia aniquilará al enemigo.

 


Dijo el abad pastor : «En el mundo, a los que cometen algún crimen los envían a la cárcel, aun en contra de su voluntad. También nosotros encerrémonos por nuestros pecados, para que este castigo voluntario nos aparte de las penas futuras. Si ayunas, no encuentres pretextos para decir que debilitado caíste enfermo, pues también los que no ayunan contraen las mismas enfermedades. ¿Has empezado una buena obra? No la abandones por los impedimentos del enemigo. Tu paciencia aniquilará al enemigo. Porque los que empiezan a navegar, despliegan las velas, y al principio encuentran viento favorable. Pero luego sopla un viento contrario. Pero no por ello los marineros arrojan su cargamento al mar, ni abandonan la nave. Aguantan un poco o luchan contra la tempestad y de nuevo encuentran el rumbo exacto. También nosotros, cuando nos sintamos llevados por el espíritu contrario, despleguemos como vela la cruz y realizaremos sin peligro la travesía de esta vida».


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